Ocurre porque los ojos se mueven involuntariamente todo el rato, En una habitación bien iluminada con puntos de referencia claros, nuestro cerebro compensa estos movimientos involuntarios, para que el mundo parezca estar quieto. Pero en una habitación a oscuras, nuestro cerebro no tiene marco de referencia para saber si se mueven nuestros ojos o el punto de luz. Sherif pidió a individuos que estimaran cuanto se movía el punto de luz. Cuando les preguntaron individualmente, el rango de respuestas era muy amplio.
Algunos informaron casi invariablemente que la luz se movía unos 15 centímetros. Otros afirmaban que apenas se movía. Pero cuando se hizo en grupo, las respuestas convergieron en una distancia media. Los sujetos rechazaron la idea de que el grupo les influenciara, pero al volver a las pruebas individuales, respondieron acorde con la norma del grupo. Criticaron el experimento de Sherif por usar una tarea ambigua; al no saber con seguridad cuanto se movía la luz, era fácil cambiar de opinión. ¿Pero qué pasaría si la prueba no fuera ambigua?
En los 50, Asch respondió esa pregunta usando estímulos muy concretos. Reunió grupos de entre 7 y 9 estudiantes universitarios en una clase, para un experimento, supuestamente, sobre el sentido visual. Entonces presentó tarjetas como esta. De uno en uno, todos tenían que identificar qué línea era como la de la izquierda. La trampa era que todos excepto uno de los participantes eran cómplices de Asch, a los que habían dicho en secreto que dieran la respuesta equivocada en 12 de 18 tarjetas, empezando con la tercera pareja. Asch testó a 122 sujetos. En circunstancias normales, los sujetos respondían mal menos del 1% de las veces. Con la presión social de los cómplices, las equivocaciones subieron al 37%, con un 74% de sujetos conformándose con la mayoría en, al menos, una prueba crítica. Los sujetos no siempre se conformaban de inmediato; algunos empezaban desafiando al grupo en las dos primeras rondas, pero cada vez dudaron más y se quedaron más callados, justo antes de conformarse. Asch dijo que la conformidad podía explicarse por distorsiones en uno de tres niveles: la percepción, el juicio y la acción. En la Acción, los sujetos creen que la mayoría está equivocada pero lo aceptan aun así. En el Juicio, los sujetos perciben el conflicto pero rechazan su propio juicio, concluyendo que la mayoría tiene razón. En la Percepción, las respuestas de la mayoría distorsionan realmente su percepción.
Un estudio neurológico reciente de Berns y sus compañeros investigaron estas tres explicaciones, con imágenes por resonancia magnética para ver la actividad cerebral en este fenómeno. Se testaron a 32 sujetos, y esta vez la tarea era rotar mentalmente dos objetos en 3D, para decidir si concordaban. Como en los experimentos de Asch, el resto del grupo eran cómplices que debían dar respuestas correctas o incorrectas predeterminadas. Como en los descubrimientos de Asch, los sujetos se conformaban el 41% de las veces.
Pero, por supuesto, la mayor razón de este experimento era ver qué partes del cerebro se asociaban con esta conformidad. Si la conformidad ocurría en la percepción, debería verse actividad en los lóbulos occipital y parietal, usados para la percepción visual. Si ocurría en el juicio y la acción, se predirían otras zonas, como el córtex orbitofrontal, usado en la toma de decisiones. Los escánares de IRM mostraron actividad en la red occipital-parietal, apoyando la explicación de la percepción.
Si es cierto que las percepciones de los sujetos se distorsionan realmente, significa que la opinión grupal tiene el potencial de afectar el procesamiento de información de un individuo a un nivel muy profundo. Diría que no es posible generalizar los resultados incluyendo a los sujetos de Asch. Diría que hay una diferencia considerable de dificultad entre las dos tareas. Con la tarea de la rotación, es normal que los sujetos dependan del juicio de los demás. Para asegurarse de que se usan los mismos procesos cerebrales en las pruebas de Asch, a los sujetos se les debería testar sólo con su tarea de la línea. Y aunque se apoyara lo de la percepción, sabemos que los otros dos procesos existen.
A todos se nos ocurren momentos en que hemos seguido a la mayoría a nuestro pesar. Muchos mecanismos humanos pueden ayudarnos o ir en nuestra contra. Nuestras conductas de seguir patrones han llevado a toda clase de adelantos científicos, cuando identificamos correctamente patrones validos en la naturaleza. También ha llevado a toda clase de supersticiones irracionales, cuando imaginamos patrones de relaciones que no tienen fundamento en la realidad.
Por supuesto, la conformidad también puede tener sus ventajas. Puede darle una estructura conveniente a la vida social, previsibilidad y nos ayuda a mantener muchas convenciones sociales, como hacer colas, sin el ajetreo de rebatir y renegociar constantemente. Pero empieza a ir en nuestra contra cuando permitimos que la opinión grupal nos tiranice, en ámbitos en los que la opinión grupal, simplemente, no debería tenerse en cuenta. Podemos acabar distorsionando gran parte de nuestro auténtico 'yo' sin razón alguna. Autonomía, deseos y preferencias personales que no afectan a los demás y objeciones validas a asuntos importantes.
Mi argumento es que nos privamos de mucho más de lo que creemos. La presión para conformarnos es penetrante y ensañada. Nos solemos sentir liberados cuando nos separamos de una mayoría con la que nos identificábamos sólo por presiones sociales para que nos conformáramos. Formamos comunidades minoritarias que parecen representar la liberación de los grupos mayoritarios. Luego, descubrimos que en estas comunidades minoritarias crecen las mismas presiones para conformarse a estas.
En un estudio de 2007 sobre como calculamos la opinión grupal Weaver y sus compañeros descubrieron que escuchar una opinión tres veces por la misma persona del grupo tenía casi el mismo resultado que escuchar la misma opinión por tres personas distintas del grupo. Weaver argumenta que calculamos la popularidad de una opinión por lo familiar que nos parece, cuantas ves la hemos escuchado. Y por desgracia, nuestros cerebros no siempre distinguen entre una opinión expresada por muchos y una opinión meramente repetida por unos pocos. El conformarnos puede ser contraproducente. Digamos que hay un grupo de personas con la opinión "x". Sin saberlo el grupo, la mitad está en desacuerdo en secreto, pero debido a los castigos sociales ejercidos sobre los que han expresado desacuerdo, se quedan callados. Al conformarse, aumentamos las estadísticas de un grupo al que en realidad no pertenecemos, y perpetuamos la idea de la mayorías que en realidad pueden no existir. Imaginad si nadie se conformara de esa manera, como cambiaría la situación social.
El mero hecho de conocer el experimento de Asch nos hace menos susceptibles a experimentos similares. Cuanto más conscientes seamos de lo fácil que nos conformarnos en cualquier ámbito, mejor nos podremos defender. Es más fácil ser escéptico de grupos a los que no pertenecemos o al menos ya no, pero la conformidad aparece de verdad en los grupos con los que nos identificamos. Para conseguir el apoyo y la aceptación que podamos buscar en esos grupos, podemos encontrarnos dando más de lo que recibimos.
Ser parte de un grupo no significa estar de acuerdo con todas las partes de ese grupo; siempre deberíamos ser capaces de criticar legítimamente a cualquier grupo, ya sea la familia, los amigos, grupos de interés social o lo que sea. Si no podemos hacerlo, damos a esos grupos un estatus y autoridad que no se merecen, y que en realidad no tienen. Si un grupo no puede manejar desacuerdos legítimos, no es uno en el que yo quiera estar. Pensar' es el primer paso, 'hacer' es el siguiente. Algunos se pasan años leyendo libros de autoayuda, dándose cuenta de cosas profundas, epifanías, descubrimientos... en su cabeza, y suelen desesperarse al darse cuenta de que, con todo ese conocimiento, su vida no parece cambiar. No cambia porque, a pesar de sus apreciaciones, no cambian su conducta.
El conocimiento es importante, pero la conducta es igual de crucial. El estudio de Berns mostró que los sujetos en contra del grupo exhibían una actividad similar a la excitación emocional. Hacerse notar parece peligroso, pero, como con casi todo, cada vez es más fácil. Creo que empujarnos, desperezarnos, es importante en la vida. Si no esperamos mucho de nosotros mismos, nos podemos estancar. Pero las expectativas deben ser realistas; nuestras propias expectativas y las que los demás tengan de nosotros. La verdad es que decepcionar a la gente puede humanizar mucho; puede dar la oportunidad a los decepcionados de darse cuenta de que sus exigencias pueden no ser razonables.
Dejo caer la propuesta de considerar algunas de las cosas que ocultamos para conformarnos. Preferencias, actividades, creencias, características físicas que no molestan a nadie, pero por alguna razón nos sometemos a un supuesto consenso de que no son aceptables. ¿Qué clase de miedos yacen tras esas conformidades? ¿Son miedos racionales? ¿No te gusta bailar? No bailes. Las ideas, los libros y la gente que me inspiran son los que celebran la diversidad, el individualismo y la autenticidad. Sin duda, nunca me ha inspirado nadie que incite la conformidad al grupo, nadie que haya intentado motivar el miedo o haya intentado contraer mi zona de confort; la gente que muestra esa clase de gilipolleces falaces. ¿Y tú? Os digo que cuestionéis estas cosas. Cuestionad el grupo. Y arrimémonos a ser más nosotros mismos.
Subtitulado por Lukanieto



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